• ¿Y quién eres tú para decirme qué hacer con mi hijo?


    Aunque soy joven llevo ya bastantes años trabajando en la docencia. Supongo que como muchos de vosotros, comencé dando clases particulares de adolescente para sacarme lo justo para mis caprichos del fin de semana. Luego estuve 5 años trabajando en una guardería y finalmente entré como profesor de piano en mi puesto actual.

    Desde que era adolescente no he dejado nunca la enseñanza, afortunadamente. En todos estos años como profesor me he topado con diferentes niños de características muy diversas. Los ha habido muy simpáticos, muy... dejémoslo en menos simpáticos; extremadamente formales y auténticos maleducados; afectuosos o distantes... ¡de todos los colores!

    Como muchos de mis colegas, tener una realidad tan variada en el alumnado me ha permitido ver y comparar muchos patrones de comportamiento. Esto hace que en muchos casos los profesores saquemos conclusiones, digamos que formemos nuestra propia "estadística" (nada científica) de cosas que están bien y cosas que no están bien al educar a un hijo. 

    No soy padre, y sé que más de uno/a me sacará a la palestra a decirme lo que enuncia el título de esta entrada: ¿Y quién eres tú para decirme qué hacer con mi hijo?

    Me gustaría responder a esta pregunta porque estoy convencido de que más de un profesor la ha escuchado más de una vez. Yo no soy nadie más que un profesor. Esto se traduce, en la mayoría de los casos, en ser alguien a quien le apasiona la educación.

    Un docente es aquél que desde que se levanta hasta que se acuesta piensa en cómo educar, que se informa, lee y reflexiona a diario sobre educación y que dedica las mismas horas que tú a tu trabajo única y exclusivamente al ámbito de la educación. ¿Es entonces un profesor alguien que pueda recomendarte qué hacer o no hacer con tu hijo? Decide tú mismo.

    Un docente es aquél que desde que se levanta hasta que se acuesta piensa en cómo educar.

    Me resulta muy curioso cómo la gente necesita la opinión de profesionales o expertos para todo (con expertos me refiero a gente con experiencia, no necesariamente tienen que dedicarse a ello profesionalmente).

    Consultamos a nuestros amigos runners cuáles son las mejores zapatillas para salir a correr, al amigo informático le pedimos que nos eche una mano para elegir un buen ordenador que comprar y al electricista que nos revise la instalación de la casa. Al amigo abogado le consultamos sobre leyes y al que sabe inglés le consultamos traducciones.

    Sin embargo nadie le pide consejo u opinión a los profesores para educar a sus hijos. Hay una especie de sensación de suficiencia a la hora de educar bajo el argumento "¿Quién mejor que yo va a saber qué es lo mejor para mi hijo?"


    Hay una especie de sensación de suficiencia a la hora de educar bajo el argumento "¿Quién mejor que yo va a saber qué es lo mejor para mi hijo?"

    Caer en esta idea es una falacia enorme, precisamente por lo que comentaba más arriba.  Los profesores pasamos una importante parte del día (el horario laboral los que menos) rodeados de niños de toda índole, en diferentes estadios del desarrollo y año tras año reflexionamos en cómo optimizar nuestra intervención sobre ellos. Esto nos convierte, lo queramos o no, en expertos indiscutibles en educación.

    Está claro que ser padre es hacer un master "a la fuerza" sobre cómo criar a un niño, y que una cosa es educar durante 8 horas y otra durante 24 horas. Pero creedme, pensar a diario las estrategias que mejor funcionan en cada niño para sacar una sonrisa, evitar un llanto o redirigir una mala actitud (ésto año tras año y con niños que cada uno viene de su padre y su madre, nunca mejor dicho) es como hacer varios masters, doctorados y súper-postgrados en educación.

    Con esto vengo a decir: no veáis al profesor como un contrarioLos padres y los profesores nadamos en el mismo sentido: una educación de calidad.¡No somos enemigos! Somos aliados, queremos un futuro prometedor para vuestros hijos. No os ofendáis si os sugerimos cambios en la educación de vuestros hijos, no lo toméis como algo personal. Si el profesor os hace una sugerencia tenedla en cuenta, pues posiblemente lo diga para evitar errores futuros que ya ha advertido en otros casos similares. Esto no quiere decir que se haga caso ciegamente a todo lo que dice el profesor, pero sí que se tenga en cuenta y se reflexione el porqué de ese comentario


    Los padres y los profesores nadamos en el mismo sentido: una educación de calidad.¡No somos enemigos!

    Hasta aquí la reflexión de hoy. Para acabar me gustaría compartir con vosotros el siguiente vídeo que se ha viralizado por internet donde un padre corrige de forma magistral un berrinche de la hija. Hay quien lo critica porque dice que le está humillando. No puedo estar más en desacuerdo. Hablar con seriedad a un niño no es humillar. Hay que hablarles con franqueza sobre las consecuencias que tienen lo que hacen. No siempre se les puede hablar con voz aguda y con ositos de gominola en la boca. Lo mejor en estos casos: mantener la calma, hacerles entrar en razón y hacerles sentir nuestro cariño.

    Bravo por este padre.


  • 2 comentarios:

    1. Que te preocupes tanto demuestra lo buen profesor que eres

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      Respuestas
      1. ¡Gracias Íñigo! Si no nos preocupamos por mejorar lo que nos apasiona ¿quién lo va a hacer?

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